jueves, 22 de marzo de 2012

Bloques Grises

Es extraño que esta sea mi primera entrada de blog. Es un pequeño relato autobiográfico que escribí hace años. A pesar de las ganas, he procurado no editarlo, salvo por algunas partes que pedían a gritos ser eliminadas. Pero no he añadido nada nuevo. Como con una piedra, he sido capaz de cincelar un par de detalles, pero no de sumarle volumen. Resultaba... antinatural. El caso es que algo me ha impulsado a publicar esta historia, fuera de mi estilo, y en sí con una carencia de estilo chocante, pero ahí está:

Tras rondar el Barrio de la Concepción y preguntar varias veces por la calle Jesús Maestro, llegué a una especie de centro administrativo que exhibía sin mucho garbo el cartel de la Escuela Oficial de Idiomas.
Entré en el edificio más cercano, empapelado con información sobre matrículas, exámenes y demás complicaciones burocráticas que siempre he vivido con un alto grado de angustia.


-Por favor, ¿para matricularse en la Escuela Oficial de Idiomas? 
-Pues tendrá que ir a la Escuela Oficial de Idiomas - respondió el hombre, haciendo uso de ese ingenio mediocre y violento que tantos individuos estiman ocurrente.
-¿Y la Escuela dónde está?
-El edificio al final del aparcamiento.
-Muchas gracias.


Salí del hall y avancé hacia el final del bloque, donde me esperaba mi siguiente encuentro humano. La mujer de la ventanilla era morena, evidentemente fumadora. Tendría unos cuarenta y pocos años, que su físico no pudo gestionar para mantenerse en una favorable ambigüedad entre la treintena y la cuarentena. 


Terminaba de informar con poca paciencia a una mujer china sobre la ausencia de fechas para una inscripción. Suponiendo que yo obtendría la misma respuesta, pregunté:
-¿Osea que para matricularse nada, no?
Ligeramente irritada porque hubiese saltado a tal conclusión sin fundamento alguno, respondió con sequedad:
-Eso es para los cursos de español para extranjeros.
-Ah, yo me quiero matricular por libre para inglés.
-¿Por libre? Pues aún no nos han llegado las fechas. Nos las tendrían que haber mandado ya desde la Comunidad de Madrid, pero seguimos sin recibirlas. Toma, aquí tienes la información sobre el centro y la dirección de internet, te puedes meter y saldrán publicadas ahí las fechas en cuanto las sepamos. 
-Vale, perfecto... - dije mientras me guardaba el papelillo fotocopiado en el bolsillo.
-Claro, es que para febrero ya tendríamos que tener los días establecidos, pero la Comunidad no nos ha mandado ninguna información todavía, así que estamos esperando, y claro, la gente venís aquí y no hay ni fechas. De todas formas tú te metes en la página web y ni bien salgan las verás.
-Muy bien, genial.
-Si normalmente por estos días ya nos tendrían que haber llamado, pero lo que pasa con los de la Comunidad...


Tras aguantar la repetición de esta información un par de veces más, y con mi lenguaje corporal indicando cada vez menos sutilmente que tenía urgencia por marcharme, conseguí salir del edificio. No pude evitar sentir pena por la mujer. Tenía necesidad de hablar, hasta el punto de intentar involucrarme personalmente en los asuntos de problemas administrativos.


Bajé hacia el metro con algo de culpa por no haberle dado la satisfacción de un pequeño diálogo,
pero la racionalización y caminar entre las calles concurridas de la ciudad llena de individuos 
anónimos me ayudaron a ignorar el sentimiento.

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